Lorenzo «mártir»







 Hasta inmolarte humilde servidor

qué vieron tus ojos de cielo, sino

la verdadera e inmensa riqueza:

la que no se compra ni se vende,

la que no se muestra ni se ostenta,

la que no se gasta ni se ahorra,

la que no se roba ni se pierde,

la que no se mide ni se juzga,

la que no se presta ni se cambia.

La verdadera riqueza: Las personas,

las concretas, las de carne y hueso

las que oran, hablan, aman y sueñan

que caminan, trabajan, y construyen

las unidas entorno a un gran llamado:

el humilde pueblo de Dios en camino.








Comentarios

Entradas más populares de este blog

Los viajes

Ascua de tu luz

Vaciarse para ser